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La historia de la comunidad

La Comunidad de Niños Sagrada Familia nace en la ciudad de Lima (Perú) en Mayo de 1988 a partir de la iniciativa de un periodista limeño, Miguel Rodríguez Candia, fundador y actual director de esta institución. Tras el fallecimiento de su hijo de seis meses, Miguel decidió ayudar a los niños en situación de abandono. Su profunda sensibilidad social y el cambio que dio su vida motivaron la creación de un hogar para niños abandonados. Con la venta de su inmueble y el apoyo de amigos, adquirió una parcela en un cerro desértico denominado “Zapallal”, al norte de Lima. Miguel abandonó su trabajo para dedicarse por entero a su nueva actividad: edificó precarias construcciones de madera y estera, donde ofrecía una cama y comida a “niños de la calle”.

El ingreso de niños aumentaba con el paso de los años, y al carecer de apoyo formal por parte de las instituciones políticas y religiosas, inició la construcción de talleres que generaban ingresos para la gestión de los gastos diarios. La experiencia con el funcionamiento de los talleres empezó a tener otras vertientes: la formativa y la terapéutica. Todos los niños y niñas están escolarizados, y además siguen un proceso de formación especializada en los talleres de panadería, cerámica, carpintería, computación y serigrafía, lo que les permite tener más posibilidades cuando inicien su vida de adulto.
 

El crecimiento no ha cesado, hasta el extremo de que en la actualidad son más de 650 menores los que viven en el hogar, haciéndose patente la necesidad de mejorar las condiciones de vida de estos niños y niñas, así como de fortalecer las instalaciones y crear un plan de acción para que los talleres generen los ingresos suficientes para alcanzar la autogeneración de recursos.

Desde sus inicios, miles niños y niñas han encontrando aquí la oportunidad de un futuro digno. A día de hoy, se puede decir que estos 650 niños tienen acceso a una educación, una alimentación adecuada y un futuro lleno de posibilidades. La triste realidad es que, en nuestro mundo actual, este derecho es algo más que un lujo para millones de niños que día a día siguen viviendo y muriendo en la calle. Es por ello que la existencia y continuación de la Comunidad es más que una necesidad, una obligación para todas aquellas personas que, con su esfuerzo diario, la hacen posible.



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